09 Agosto 2015
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El corazón se acelera; el calendario así lo exige

Ya nos falta un poco menos. Un último escalón, el del FC Astana.Un peldaño en el que habrá que dejarse la piel para sellar nuestra presencian en la fase de grupos de la Liga de Campeones. Un último esfuerzo para escuchar ese himno de la Champions del que os hablaba en el blog anterior. Una eliminatoria más para poder ver nuestro GSP Stadium adornado con las estrellas de la máxima competición de clubes, lo que es un sueño para todos.

 

Aún nos queda tiempo para preparar esas dos citas, pues los partidos serán el 18 de agosto en su estadio y el 26, en el nuestro, pero es innegable que esas dos fechas las tenemos marcadas en color rojo en el calendario. Negarlo sería mentir, y no sólo nosotros lo sabemos, nuestros aficionados también opinan igual.

 

Digamos que a partir de ahora todo adquiere otra dimensión, pues el 12 nos jugamos la Supercopa, ante el AEL. Un título en juego que queremos conquistar. Y el 22 arrancará la Liga, en el campo del Ermis Aradippou… El calendario se aprieta, pero, al final, es lo que quiere un jugador: sentir esa adrenalina de la competición y ver como las pulsaciones se aceleran, porque llegan esos partidos en los que uno siempre quiere estar.

 

Además, después de haber estado 19 días lesionado, ya me encuentro físicamente bien y con las sensaciones que a uno le gusta tener, pues no es lo mismo contar con el alta médica que recuperar esa chispa que decimos nosotros. Estoy preparado para lo que se nos avecina y para competir por la titularidad con mis compañeros de faena.

 

El dorsal número 1

Por lo demás, comentaros que este año luciré, mucho tiempo después, el número 1 en mi camiseta. Aunque soy un enamorado del 13 -no soy nada supersticioso en ese tema, todo lo  contrario-, llevar el 1 es como decir: “Es verdad, yo soy el portero”. Es el dorsal que históricamente representa a los guardametas. Digamos que es como una parte de nuestro ADN o nuestra huella de identidad y eso me provoca una satisfacción especial. Además, mi mujer y mis hijos están encantados de que así sea, con lo que poco puedo decir (risas).

 

Para despedirme, comentaros que ya voy haciendo mis pinitos con el idioma: ya sé decir “gracias” (efjaristó) y “buenos días” (kaliméra) –risas- El griego es complicado, pero sobrevivo con el inglés que la gente lo habla sin problemas e incluso, con mis compañeros, se me escapa alguna expresión en castellano que les estoy enseñando.

 

Lo dicho, un abrazo grande, hasta pronto y seguimos en contacto

Jordi Codina